Hay historias, eventos, sucesos que merecen ser recordados o, al menos, contados. Hechos que no aparecen en los medios de comunicación, detalles históricos que concentran el contexto y el sentido de una lucha social.
El suceso que voy a compartir está relacionado con las circunstancias y las emociones que me produjo conocer a Nora Morales de Cortiñas, cofundadora de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora.
En los primeros días del mes de diciembre de 2010 se produjo la ocupación del Parque Indoamericano, no entraré más en detalles por la notoriedad y cobertura que tuvo dicho conflicto social. Luego del desalojo forzoso del 7 de diciembre realizado conjuntamente entre la policía metropolitana y la policía federal, en el cual dos personas fueron asesinadas, el Parque volvió a ser ocupado el día miércoles siguiente por la madrugada. Era un día de sol intenso, la vista global del Parque se asemejaba al más precario campo de refugiados o de desplazados. No existía orden judicial de desalojo para esta nueva ocupación. En el lugar había gran acompañamiento de agrupaciones sociales y de partidos políticos de centro izquierda. El Estado de la Ciudad de Buenos Aires y el Estado Nacional absolutamente ausentes, todo el discurso constitucional que supuestamente ordena la conducta de las actuales sociedades modernas no era más que un poema épico olvidado.
Ante las extremas necesidades de las personas ocupantes y la presión de las circunstancias, funcionarios del macrismo accedieron a tener una reunión con referentes y con diputados de otras fuerzas políticas. Como éste soberano le teme al pueblo decidió no salir de su castillo, en consecuencia, los recibió por la tarde en el edificio de la UGIS (Unidad de Gestión e Intervención Social dependiente del Ministerio de Desarrollo Económico) que se encuentra cercano al Parque Indoamericano. Luego de diversas discusiones, la base del diálogo se centró, como debe ser, en que el GCBA debía garantizar mínimamente agua potable, alimentos, baños químicos, puestos de salud, etc., en forma previa a todo acuerdo.
Cuando se pretende justificar los derechos sociales desde una visión deliberativa de la democracia se dice que no se puede participar políticamente, no se puede participar en la deliberación colectiva, si el hambre es la primera sensación de la consciencia. Precisamente eso era lo que se les peticionaba a los funcionarios macristas.
La primera reacción de los mismos fue negociar el agua, fiel a su cultura capitalista, donde todo tiene un precio, ni siquiera un valor sino un precio, y donde la salud y la vida es mercancía sin ninguna mella. Decían, “nosotros traemos agua si ustedes desocupan tal sector del Parque, traemos los camiones si se apiñan más”. Después de que repitieran como el padre nuestro estas oraciones, Nora Morales de Cortiñas se acercó al principal interlocutor de los funcionarios macristas, le tomó la mano y le dijo “hijo mío, no podés estar negociando agua, esto es inhumano, no podés ser tan inhumano”.
En ese instante, una de las personas más autorizadas, por su gran amor dado a la humanidad, a elevar las acciones a la dignidad de pertenecer al ser humano, hizo uso de la clarividencia que brinda la indignación. En el instante siguiente, el funcionario macrista se quedó en silencio, incapaz de responder a semejante sentencia. En ese silencio, especulo con ilusión que se habrá mirado a sí mismo y, mientras sentía como un escalofrío recorre su espalda al igual que al rey Jerges al advertir su calidad humana, se habrá dado cuenta de que es cómplice de un gobierno cruel.
Pero no, lo que creo que pasó es que al igual que Eragón descubrió el verdadero nombre de su espada “Brisingr”, el funcionario macrista fue des-velado, fue nombrado en su esencia. Así, el funcionario macrista dio por terminado toda instancia de diálogo con la excusa de que un juez de la ciudad había dictado una medida de no innovar y que había convocado a una audiencia judicial para ese día a la noche. El agua siguió esperando cumplir su fin más hermoso, ayudar a reproducir la vida.
En un momento, Nora Morales de Cortiñas buscando voces cómplices me tomó de la mano y pude mirar en sus ojos la vitalidad que da el amor y la indignación. Luego de 30 años de lucha ha escapado a los eufemismos que abunda en el lenguaje político y al acostumbramiento de vivir cotidianamente en una sociedad absolutamente injusta. Al día siguiente, jueves a la medianoche, estaba acompañándola a realizar una presentación judicial para solicitar a la justicia de la Ciudad que adopte las medidas necesarias para evitar que la omisión de ambos Estados siga permitiendo más muertes y heridos en la lucha entre hermanos que estaba sucediéndose en el Parque Indoamericano. La presentación judicial la realizó en compañía del Padre Pepe; la legisladora de la Ciudad y presidente de la Comisión de Vivienda de la Legislatura, Rocío Sánchez Andía; el legislador (MC) y ex presidente de la Comisión de Vivienda de la Legislatura, Facundo Martín Di Filippo; Adolfo Pérez Esquivel; y el Asesor Tutelar, Dr. Gustavo Moreno.
La primera reacción habla mucho del interior, es el acto sincero y sin velo. Durante los cuatro primeros días desde la segunda ocupación del Parque Indoamericano, la primera reacción de ambos gobiernos fue la violencia y el asesinato, luego la xenofobia de uno y la indolencia e insensibilidad del otro. La primera reacción de Nora fue pausar su participación en la 30º Marcha de la Resistencia para realizar la presentación judicial. Luego de presentar la misma y que el Juez Roberto Gallardo, solicitara al Estado Nacional la asistencia de las fuerzas de seguridad federales para realizar un Operativo de Pacificación, retornó a la Marcha de la Resistencia para cumplir las tradicionales 24 hs. de marcha, porque en la Argentina aún no se encuentran condenados todos los cómplices de los crímenes de lesa humanidad, en especial los cómplices del sector privado, porque siguen viviendo niños/as en la calle, en fin, porque sigue habiendo injusticias y sufrimiento.
Pude contemplar el ritual de cuando se puso el pañuelo blanco en la cabeza, símbolo de amor, de paz y de lucha contra las injusticias. Este suceso y el que detallé al principio regresan intermitentemente a mí, como si fueran un zahir. Nuestra generación debe aprender a no perder la indignación y se la pierde cuando justificamos a gobiernos y a políticos en todas sus acciones por el casual hecho de estar acompañándolos. Durante la ocupación del Parque Indoamericano muchos que en otras luchas habían estado a mí lado decidieron callar, decidieron no identificar responsables cercanos. Debemos indignarnos sin eufemismos y sin temor, encontraremos a muchos compañeros/as mientras más gritemos…
Aquí fallo del Juez Roberto Gallardo
