jueves, 13 de junio de 2013

Sin Misericordia con las Rejas

                                                        Sin Misericordia con las Rejas

De Jonatan Emanuel Baldiviezo


            En agosto del año pasado el Gobierno de la Ciudad (GCBA) anunció el enrejamiento perimetral de la Plaza Pueyrredón, conocida como Plaza Flores, y de la Plaza de la Misericordia. En marzo de este año terminaron los trabajos de enrejamiento de la Plaza Flores. Las irregularidades cometidas mereció la denuncia penal por parte de vecinos del barrio y de la Defensoría General de la Ciudad por violar leyes que protegen los bienes patrimoniales y arqueológicos de la Ciudad.

            Ahora ha llegado el momento para la Plaza de la Misericordia. La Plaza está ubicada en el Barrio de Flores en el perímetro entre Directorio, Bilbao, Lautaro y Camacuá. A través de la Licitación Privada N° 47/SIGAF/2013 el GCBA ha adjudicada la instalación de las rejas a la empresa Instalectro S.A. por un monto de $ 748.943 pesos.

            El GCBA utiliza nuevamente el discurso de la inseguridad y el vandalismo para justificar el enrejado. Frente a la inseguridad se pueden adoptar dos caminos. Uno consiste en el miedo al otro, la seguridad es aislarse en la esfera privada de cada uno, limitar los espacios de contacto. Otro es no temer al encuentro, apostar por conocer a los otros, compartir e interactuar en ámbitos públicos. El GCBA apuesta al primer camino, frente a cuestionamientos de seguridad en ámbitos públicos su propuesta es que éstos no existan.

            En la Plaza de la Misericordia se repite la misma estrategia que se ha advertido en otras plazas o parques. El GCBA no cumple con el mantenimiento, las luminarias no son reparadas, los guardianes de plaza no cumplen sus funciones, no están presentes integrantes de las fuerzas de seguridad. Frente a este estado de abandono, absolutamente evitable, desde el gobierno se propone el enrejado como solución.

            También se acude al temor. Sospechosamente a días de iniciarse las obras de enrejado las palomas del parque fueron envenenadas sin saberse aún los responsables. Esto fue utilizado para encintar todo la Plaza y como un argumento más para justificar su enrejado.

Pero en el caso de la Plaza de la Misericordia la decisión del enrejamiento del GCBA no irá acompañada de una "puesta en valor" como si se hizo en el Parque Centenario y se propone para el Parque Lezama. La licitación es únicamente para el enrejamiento y la construcción de un canil, otras prioridades peticionadas por los vecinos y el mantenimiento de la Plaza son soslayados.

            La decisión de enrejar la Plaza no la ha dispuesto el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, tal como fue en el Parque Centenario y en el Parque Lezama. Esta vez la estableció la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana dependiente del Jefe de Gobierno. Por este motivo, se tuvo que realizar una licitación privada por afuera de la Licitación que adjudicó el “Servicio de Mantenimiento Sostenible de los Espacios Verdes" para toda la Ciudad.

            La deficiencia democrática también es ostensible. Es una dimensión no respetada por el Macrismo desde que asumió el gobierno. En la Ciudad no nos regimos únicamente a través de una democracia representativa sino también por una democracia comunal y una democracia participativa. Es un eje arquitectónico de la Constitución de la Ciudad que cada decisión y política del Gobierno tiene que ser con participación de los colectivos afectados o de los vecinos que deseen participar en la decisión. La mayoría de los vecinos del Barrio recién se enteraron de que su plaza será enrejada cuando leyeron el cartel de obra. Por otra parte, la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana tampoco dio participación a la Junta Comunal ni al Consejo Consultivo de la Comuna N° 7. El Consejo Consultivo es el ámbito de mayor participación vecinal institucional de cada comuna y ni siquiera accedió a los pliegos de la licitación.

            La negación de la democracia participativa cuando se trata de bienes comunes también está relacionada con una idea de lo público. Lo público es entendido como la propiedad del Estado, soberano y señor de tomar decisiones sobre sus propiedades de forma inconsulta. Esto cambia drásticamente en una democracia participativa, lo público ya no es algo esencialmente estatal, sino algo de todos, un bien común y, en consecuencia, su destino pertenece a una decisión adoptada simbióticamente entre el Estado y el sector de la sociedad involucrada. 
             
            El enrejado de la Plaza de la Misericordia constituye una restricción de nuestras libertades. No se debe entender que sólo existe privación de libertad cuando nuestra libertad ambulatoria es restringida intensamente como cuando las personas son detenidas en el marco de una causa penal. También nuestro derecho a transitar libremente es menoscabado cuando nos prohíben ingresar a un lugar al cual teníamos derecho de acceder con anterioridad. De acuerdo a la Constitución de la Ciudad (Art. 27) tenemos derecho al acceso libre y gratuito a espacios públicos como las plazas. El enrejado implica que alrededor de la mitad de las horas del día no podremos hacer uso de nuestro derecho. Como condición mínima el gobierno para restringir nuestra libertad ambulatoria necesita de una ley aprobada por la Legislatura de la Ciudad. Esta ley no existe. En alrededor de 90 plazas y parque de la Ciudad el GCBA nos impide el ingreso sin que exista normativa alguna que lo autorice, en forma absolutamente ilegal.

            Incluso si existiese una ley en esa dirección esta confrontaría directamente con otros mandatos constitucionales. La Ciudad tiene el mandato constitucional de promover el incremento de los espacios verdes, tanto en su aspecto espacial como temporal. Es decir, debe aumentar la cantidad de m2 de espacios verdes y de no disminuir el acceso y uso temporal de los mismos. El enrejamiento viene a incumplir esta obligación constitucional al restringir irrazonablemente los tiempos que la ciudadanía puede usar y disfrutar de los espacios verdes.

De acuerdo a Bauman, en la Ciudades existen espacios antropoémicos que expulsan a los individuos que son considerados extraños. Son lugares de acceso selectivo, delimitados por una barrera que estimula la separación espacial. Un parque o una plaza enrejada constituye un espacio antropoémico. De esta forma, la Plaza de la Misericordia de ser un espacio público que brindaba la posibilidad de relacionarse con un otro y que estaba enmarcado en una sociedad incluyente es muy posible que devenga luego del enrejamiento en un espacio público excluyente. En consecuencia, la política de enrejamiento va en contra del mandato constitucional de que la Ciudad debe promover el acceso libre a los espacios públicos y facilitar el acceso a los bienes culturales y públicos.

            En forma recurrente surgen cuáles son los criterios valorativos del macrismo respecto a los espacios verdes. Éstos tienen un valor económico o meramente paisajístico. En este último caso, las rejas cumplen el rol de propender a crear grandes jardines sólo contemplados detrás de las rejas y cuyos usos sociales son restringidos en tiempo y diversidad para evitar el deterioro inherente a éstos.

            Todas estas cuestiones de expulsión social y de decisión sobre territorios urbanos en forma autoritaria generan fuertes resistencias, precisamente porque involucran la defensa del ambiente y hábitat del cual formamos parte y que con nuestras experiencias colaboramos en su construcción. La apropiación de nuestros territorios en sus usos y morfología afecta íntimamente nuestra subjetividad y los proyectos de vida que trazamos. No son casuales las fuertes protestas y las represiones sucedidas durante este año en el Parque Centenario, la Sala Alberdi y por la destrucción de los talleres protegidos del Hospital Borda.


            El caso del enrejamiento de la Plaza de la Misericordia no escapa a estas resistencias y expresiones de dignidad. El viernes pasado los vecinos se autoconvocaron a una reunión asamblearia para empezar a organizar acciones colectivas a fin de impedir la instalación de las rejas. Alrededor de 100 personas manifestaron su rechazo, expresando que son obras que no responden a las prioridades sociales y culturales del barrio, que la inseguridad tiene otro tipo de soluciones, que se ha ninguneado la participación vecinal y de las comunas. La Asamblea se desarrolló hasta las nueve de la noche y mucho más duró el encuentro de vecinos pensando y conversando sobre temas comunes del barrio. Las rejas también serán funcionales para impedir estos encuentros, a la hora que los vecinos puedan reunirse luego de un día de trabajo, sus puertas se cerrarán. Un lugar de encuentro y disfrute colectivo se transformará por arte de las políticas de este gobierno a partir de cierto horario en un desierto social, una isla silenciosa e inhumana.